lunes, 31 de diciembre de 2007

La tradición de la nochevieja

Desde los inicios del Imperio Romano, enero estaba dedicado al dios bifronte Janus, que mira delante y detrás: al año que se va y al principio del que viene, por eso le representaban con dos rostros, uno barbudo y viejo y el otro jovencito. Los romanos invitaban a comer a los amigos y se intercambiaban miel con dátiles e higos para que pasase el sabor de las cosas y que el año que empezase fuese dulce. Esta vieja costumbre romana fue poco a poco entrando en Europa, donde con la misma finalidad venturosa comenzaron a ofrecerse lentejas, de las que se dice que propician la prosperidad económica del año que empieza. En la Edad Media la Iglesia trató de oponerse a las viejas costumbres, pero no consiguió extirpar la atmósfera disipada de, la noche de San Silvestre, que se mantuvo como la última isla pagana de las doce noches navideñas (las comprendidas entre la Navidad y la Epifanía), que la Iglesia consideraba como periodo de renovación para mejorar el año venidero.
En España, la tradición de despedir con uvas el año parece ser que data de 1909. Tuvo sus orígenes en Alicante, cuando unos viticultores la iniciaron para dar salida a un excedente de cosecha. Se dice que quien no coma las 12 uvas antes de que terminen las campanadas tendrá un año de mala suerte.
En Colombia también se ha adoptado la tradición de las doce uvas, especialmente en la región andina del país. A diferencia de España, la ropa interior a llevar debe ser de color amarillo. Muchas familias, además, parten de viaje de vacaciones en esa fecha. En Chile también se ha adoptado la tradición de comer lentejas en el momento que dan las doce de la noche, y en ciertos lugares, cuando comiencen los fuegos artificiales. En la mayoría de los países, sin embargo, la costumbre más extendida es brindar con cava o champán tras las 12 campanadas.
En cuanto a las comilona de fin de año, es muy conocida, por ejemplo, la costumbre italiana de cenar lentejas para despedir el año. Para ellos, esta legumbre simboliza la abundancia y la prosperidad, por eso no pueden faltar en ninguna casa esa noche. En España, aunque los guisos de lentejas son muy apreciados, se prefiere para cenar otro tipo de platos, menos habituales y más elaborados, a partir de marisco, pescado o carnes asadas.
Propio de los Países Bajos son los oliebollen, unos bollos deliciosos elaborados con pasas que se pueden comprar o elaborar en casa. Por su parte, las manzanas con miel son tradicionales en Israel porque los judíos creen que el año venidero será así más dulce.
En Japón, la Nochevieja es la fiesta más importante del año. Tanto es así que la víspera y todo el primer mes del Año Nuevo se considera periodo festivo. Durante las cenas se suelen degustar los típicos tallarines toshikoshi soba, la sopa zoni, distintos platos de pescado y frutos secos variados.
Sea como sea la cena de Nochevieja, frugal o copiosa, con amigos o en familia, lo importante es pasarlo bien para entrar en el nuevo año con buen pie. De las variadas propuestas, escoge las que más te gusten y disfruta de la noche más loca del año. Por cierto, ¡Feliz Año Nuevo!

viernes, 28 de diciembre de 2007

Cuestión de elecciones

Hoy quiero hablaros de algo muy común y a la vez complejo: las decisiones.

A lo largo de nuestra vida se nos plantean grandes decisiones que marcarán de una forma u otra nuestro futuro; unas veces de forma definitiva y otras con una determinación que no es tanta como pensamos en su momento.

También tendremos que tomar decisiones menores en repercusión pero que tendrán una gran importancia en en momento y circunstancias en las que se produzca la encrucijada.

Y por último, habrá pequeñas cosas, decisiones que cualquiera llamaría insustanciales, sin demasiada repercusión, sin demasiada importancia.


Es de estas últimas de las que quiero hablar. No me refiero a elegir el color del edredón de nuestra cama o si contratar orange o vodafone...Son decisiones sutiles sobre nuestra forma de afrontar las situaciones, los problemas y las relaciones.

Por supuesto que es importante decidir si uno se quiere casar con su pareja; si desea tener hijos; si aceptará el trabajo en Pekin...También parece muy evidente la importacia de decisiones como qué carrera estudiar o qué tipo de empleo vamos a buscar.

Pero decidir qué clase de amigos somos o qué principios van a regir nuestra vida son elecciones que van a constituir los pilares fundamentales de nuestro yo, de nuestra identidad, de nuestra personalidad. Y esa piedra angular se coloca con pequeñas decisiones, con pequeñas elecciones, con los pasos, casi imperceptibles a veces, que damos día a día en nuestra vida.


En ocasiones vamos a tener que escoger entre dos alternativas que nos gustan y a veces (lamentáblemente las más) tendremos que elegir sin que nos gusten ninguna de las alternativas...A veces estaremos entre la espada y la pared...A veces estaremos en la angustiosa situación de renunciar a algo sin remedio...Se nos van a presentar estas situaciones y es algo que debemos asumir.

Eso sí: no elegir no es una opción.

La posición de neutralidad no es muy plausible en el mundo real. Mantenernos al margen de todo es materialmente imposible. Nos guste o no, siempre tomamos partido por alguna de las partes, por alguna de las alternativas. Incluso es mero hecho de quedarse quieto implica un elección: la de no actuar; pero una acción al fin de al cabo.


Elegir si acompañamos o no a una amiga en un momento difícil; elegir si contar un secreto; elegir si ser fieles a otro o a nosotros mismos; elegir el momento en el que está justificada una mentira; elegir la definición precisa de "mentira piadosa"; elegir reñir a alguien a quien queremos o darle la razón cuando no la tiene...Todas son decisiones importantes. Y como toda decisión debemos asumir que llevan implícita la pérdida de la otra opción. Como toda decisión, pagaremos un precio. Tal vez la diferencia entre estas decisiones y las "trascendentales" está en que, a veces, nos damos cuenta del precio demasiado tarde. A veces, no podemos decir con exactitud en qué punto del camino tomamos la decisión errónea.

Timos

Unos ayuntamientos se trabajan su página web más que otros. Y es que en la página del ayuntamiento de alicante, la policía local alerta a los ciudadanos de los timos más frecuentes que se dan, para que los descuidados ciudadanos no los sufran. Algunos de ellos son los siguientes:

Ofertas de trabajo.
Se anuncian generalmente en las páginas de ofertas de empleo de los diarios. Los teleoperadores realizan un largo cuestionario, prolongando al máximo la duración de la llamada. En ocasiones, solicitan incluso una fotografía o un currículo por escrito para dar una apariencia de credibilidad al timo. Pero en realidad, nunca se recibe respuesta ya que los trabajos no existen.

Regalos y premios.
El usuario recibe una llamada, una carta o un e-mail donde se le informa que haganado un sorteo o que una empresa ha decidido hacerle un regalo. Para más información, una línea 906. La llamada a este número puede tener varios resultados: una convocatoria a una presentación comercial donde se intentará que el usuario compre un producto, cuya asistencia es indispensable para recibir el regalo; la explicación de que el regalo consiste en varias noches en un hotel o apartamento, pero con la condición de abonar la comida o unos supuestos gastos de gestión; la confirmación de un fantástico regalo, del que únicamente habrá que pagar unos gastos de envío sospechosamente altos; e incluso un largo mensaje grabado que avisa de que todas las líneas están ocupadas.

Páginas Web 'gratuitas'.
Numerosas páginas Web, generalmente eróticas o pornográficas, que se anuncian como gratuitas condicionan su visionado a que el usuario instale en su ordenador un programa, ocultando o disimulando que la función del mismo es desconectar el modem para volverlo a conectar a Internet, pero a través de líneas 906. Teniendo en cuenta las elevadas tarifas de estas líneas, el internautas puede llegar a pagar hasta más de 60 euros por una hora de conexión a la red.


Así que ya sabeis, cuidadito por la red...y ante cualquier duda, directos a la oficina de consumo, a informarnos. Que tenemos muchos derechos que no conocemos y muchas veces nos sentimos impotentes por simple desinformación.

martes, 25 de diciembre de 2007

Qué es la Navidad

La Navidad es entendida y valorada por la mayoría de las personas como esas fechas entrañables en las que todos debemos humanizarnos un poco más, ser más solidarios y comprensivos, perdonar las ofensas y arrancar de nuestro corazón los odios, rencores y rencillas.
Por eso hay personas que dicen que no les gusta la Navidad porque parece que indica cuándo hay que ponerse amorosos, acogedores y ser buenos.
Cada cual está en su derecho de no gustarle cualquier cosa...pero, ¿tienen, necesariamente, que renegar de toda esa “felicidad”? Muchas de las personas que defienden su derecho a ser buenos cuando “ellos quieran” suelen argumentar que son fechas “hipócritas” porque pasado el 6 de enero nos olvidamos de la solidaridad cristiana...Y tienen razón. Es cierto que quien alabe estas virtudes, debería hacerlo en navidad y durante el resto del año. También de acuerdo. Pero, puesto que hace tiempo que asumimos que las películas son películas y que no tienen demasiado que ver con el mundo terrenal; dos cuestiones:
1. ¿No es mejor que haya espíritu solidario durante solo 3 semana a que no lo haya nunca?
2. Si piensas que es ser hipócrita ser amoroso solo en navidad, prueba a serlo todo el año. Lo que hagan los demás no debería influirte en tus valores. Si no quieres serlo ni en navidad ni en ningún momento del año, no lo seas. El hecho de que tu alrededor esté feliz “artificial o naturalmente” durante el mes de diciembre a ti no te daña de ninguna forma.

Cuestión aparte es el carácter comercial y consumista de la Navidad. Es totalmente lícito e incluso (esto es una opinión personal) sano, tener una visión crítica de las cosas. Analizarlas, reflexionarlas y vivirlas de forma personal y no dejándonos llevar simplemente por lo que la tradición, la moda, la sociedad o la publicidad nos dictan. Pero el resultado de esto no es (o al menos no debería ser) una sentencia sobre la Navidad. Concluir si la Navidad es buena o mala; consumista o folclore es, para mí, el producto de un análisis global de la situación. Creo que la actitud más madura al respecto consiste en ser capaces de descomponer fenómeno en elementos; en analizarlos dándoles el significado que tiene cada uno y esto sólo se puede hacer colocándolos en su contexto.
Cuando seamos capaces de comprender el fenómeno navideño en todas sus dimensiones podremos decidir qué aspectos de ella nos gustan y cuales no. Cuáles son “dignas” de formar parte de nuestra vida y cuáles desechamos. Si después de todo resulta que no nos gusta ninguno, perfecto, pero será una decisión tomada madura y coherentemente.
Si resulta que hay aspectos acorde con nuestras creencias, valores o simplemente con nuestras expectativas, podemos vivir una navidad nuestra y sin el “se supone que”. Una Navidad realmente satisfactoria. Y más aún, una Navidad realmente significativa.

lunes, 24 de diciembre de 2007

¿De dónde ha salido Papá Noel?

Todo parece surgir en la antigüedad. En Roma, se realizaban fiestas –a mediados de diciembre- en honor a Saturno (Cronos para los griegos), al final de las cuales los niños recibían obsequios de todos los mayores. En otra época posterior, cuando el mito de Papá Noel aun no se había corporizado, los niños italianos recibían regalos de un "hada" llamada Befana. Mientras que los pueblos de algunos valles vascos y navarros, los regalos los traía el carbonero Olentzero y también duendes de barba blanca, botas altas y gorro de armiño. Con el tiempo y con los prodigios conocidos de San Nicolás de Bari (obispo de Mira, actual Turquía), éste fue remplazando a algunos de estos personajes paganos.

Su aspecto distaba bastante del que hoy se le atribuye. Se lo representaba como un hombre de complexión delgada y gran estatura que vestía como un sacerdote. El hecho de que se lo represente con tres bolsas doradas se debe a que, según cuenta la leyenda, un empobrecido hombre padre de tres hijas, no podía casarlas por no tener la dote necesaria, al carecer las muchachas de la dote necesario. Enterado de esto, Nicolás les entregó, al obtener la edad de casarse, una bolsa llena de monedas de oro a cada una de ellas. Se cuenta que todo esto fue hecho en secreto por el sacerdote entraba por una ventana y ponía la bolsa de oro dentro de los calcetines de las niñas, que colgaban sobre la chimenea para secarlos.

¿Cómo se transforma en Santa Claus?
Se cree que esto sucedió alrededor del año 1624. Cuando los inmigrantes holandeses fundaron la ciudad de Nueva Amsterdam, más tarde llamada Nueva York, obviamente llevaron con ellos sus costumbres y mitos, entre ellos el de Sinterklaas, su patrono (cuya festividad se celebra en Holanda entre el 5 y el 6 de diciembre).
En 1809 el escritor Washington Irving, escribió una sátira, Historia de Nueva York, en la que deformó al santo holandés, Sinterklaas, en la burda pronunciación angloparlante Santa Claus. Más tarde el poeta Clement Clarke Moore, en 1823, publicó un poema donde dio cuerpo al actual mito de Santa Claus, basándose en el personaje de Irving.
Posteriormente, hacia 1863, adquirió la fisonomía de gordo barbudo bonachón con la que más se le conoce. Esto fue gracias al dibujante sueco Thomas Nast, quien pergeñó este personaje para sus tiras navideñas en Harper's Weekly. Allí adquirió su vestimenta roee que su creador se basó en las vestimentas europeas de su época para crear este San Nicolás tan pagano, que nada tiene que ver con San Nicolás de Mira.
A mediados del siglo XIX, el Santa Claus estadounidense pasó a Inglaterra y de allí a Francia, donde se fundió con Bonhomme Noël, el origen de nuestro Papá Noel, quien tenía parecido físico con Santa Claus, pero vestía de blanco con vivos dorados.
Ya en el siglo XX, la empresa Coca-Cola encargó al pintor Habdon Sundblom que remodelara la figura de Santa Claus/Papá Noel para hacerlo más humano y creíble. Esta versión data de 1931.
Es correcta la creencia de que el color rojo y blanco fué impuesto por la marca Coca-Cola, ya que hasta entonces, el estereotipo de Papá Noel no tenía unos cánones estéticos establecidos, se representaba aleatoriamente, delgado, moreno, con ropas verdes, marrones o rojas, y fué en la genial campaña de 1931 con las ilustraciones del sueco Habdon Sundblom donde se adjudicaba el rojo y blanco, nada gratuitamente, como colores oficiales del personaje navideño más popular y recreado. No es exagerado, por lo tanto, afirmar que todos los personajes de Papa Noel, que inundan nuestras ciudades durante las mismas fechas, son una gran referencia subliminal hacia la marca de refrescos.

Así el mito actual cuenta que Santa Claus viviría en el Polo Norte junto a la Señora Claus y una gran cantidad de duendes, llamados bendegums, que le ayudan en la fabricación de los juguetes y otros regalos que le piden los niños a través de cartas.
Para poder transportar los regalos, Santa Claus los guardaría en un saco mágico; y los repartiría a las 00:00h del día 25 de diciembre, en un trineo mágico volador, tirado por "renos navideños", liderados por Rodolfo (Rudolph); un reno que ilumina el camino con su nariz roja y brillante, siendo el último en agregarse a la historia.
Santa Claus podría entrar a los hogares de los niños, al transformarse en una especie de humo mágico; y así entrar por la chimenea u otro orificio de las casas; si estas no disponen de una.
En Holanda, Sinterklaas viene desde España.
Para saber que niños merecen regalos, Santa Claus dispondría de un telescopio capaz de ver a todos los niños del mundo; además de la ayuda de otros seres mágicos que vigilarían el comportamiento de los niños. Así, si un niño se ha comportado mal, se dice que quien lo vendría visitar sería el Carbonilla, y no Santa Claus; y como castigo Carbonilla le regalaría a los niños solo carbón.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Derecho femenino?

Sí, tal vez lleve vistos demasiados capítulos de Sexo en Nueva York. Sí, se que esas cuatro divinas nada tienen que ver con las terrenales; se que resulta poco creible que alguien que se gasta 400 dólares en unas sandalias incomodísimas pueda dar consejos y reflexioar sobre la vida "real"...lo se. Pero teneis que reconocerme que a veces tiene razón.
Dejando aparte lo coherente o incoherente que resulte que alguien pueda ser tan frívola y neurótica y a la vez tan reflexiva y racional, os recomiendo la serie y, si no entera, al menos algunos de los capítulos. Dejando a un lado todas las referencias al sexo, encierran reflexiones muy útiles.

Más allá de los constantes giros alrededor de la idea de mujer satisfecha-a-pesar-de-ser-soltera, es interesante ver cómo cada una de las 4 amigas representan 4 puntos de vista diferentes e incluso opuestos en cada problema o dilema moral.
Hoy he visto un capítulo sobre el aborto. Una de las protagonistas estaba embarazada (posiblemente por el embarazo de la actriz, tal y como comenté en la entrada anterior) y se planteaba la opción de interrumpir el embarazo, sin consultarselo al padre.
Dejando a un lado el dilema moral del aborto, una de las cuestiones planteadas atañe a la diferencia de roles de género en una situación como ésta; y los derechos que cada uno de los participantes tiene en ella.
Es obvio que el cuerpo de una es suyo y que, en principio, tendría todo el derecho del mundo a opinar sobre lo que ocurre en él. Es obvio que es la mujer la que va a estar embarazada 9 meses, la que va a sufrir cambios hormonales, cambios en su aspecto, en sus relaciones y en su vida (si tiene que tomarse la baja o guardar reposo). Es la mujer la que da a luz y la que da el pecho durante meses, estableciendo un vínculo muy fuerte con el recién nacido...
Pero ¿qué pasa con el padre del niño? Suponemos que al no tener el subidón hormonal no sienten que el hijo es suyo. Presuponemos que su decisión cuenta menos que la nuestra, porque no es dentro de él donde el bebe está creciendo. Pero, ¿es eso justo?.
No entiendo mucho de leyes, pero la práctica dice que la mujer es la que tiene la última palabra sobre si seguir con el embarazo o interrumpirlo. Tener la decisión en nuestra mano (sin eximir de la responsabilidad de la concepción a nadie) de hacer padre a alguien o negarle un hijo que él ya puede sentir que existe como parte de él es una decisión tal vez demasiado importante como para tomarla en solitario.
¿Exigimos nuestra libertad femenina coartando la de la otra persona? Reivindicamos que es nuestro cuerpo y nuestra vida. Pero ¿qué pasa con la vida de él?

De lo que estoy realmente segura es de que hay que consultar a la persona que comparte paternidad con nosotras. Pero las cosas se complican si resulta que ambas partes no están de acuerdo en el futuro de la gestación.
Si el padre quiere interrumpir el embarazo y la madre no...¿tiene la madre la libertad de querer tenerlo? Después de todo, el embarazo ha sido cosa de dos...Y no es justo hacer pasar a una mujer por algo tan agresivo física y psicológicamente por expreso deseo masculino...¿Y si es al contrario? ¿Y si la madre desea abortar y el padre no? En ese caso, ¿es más justo pedirle a un hombre que pase por el "duelo" de perder a un hijo por decisión unilateral de la madre? Es una decisión difícil y tal vez la respuesta esté en las circunstancias que rodeen a caso individual...pero me parecía una reflexión interesante...hoy, más que nunca...a lo Carrie Bradsow.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Autismo: Enfermedad o forma de ser

Consultado en internet sobre esta enfermedad he encontrado algo que me gustaría compartir con vosotros. En una carta que escribe un padre a su hijo autista. A través de ella, se puede entender un poco la enfermedad y sobre todo los sentimientos de los padres.

Hijo mío:
Aunque no sepas leer ni hablar, menos comprender esta carta, es mi deseo comunicarte lo triste que me siento sin ti, tu escuela y mi trabajo nos mantienen físicamente alejados pero en ningún momento dejo de recordarte, tu eres mi motor en mi diaria lucha.
Cierto es que eres diferente, pero de eso no desprende mi tristeza. Yo te quiero y acepto tal como eres, si tu situación requiere que recibas de nosotros todo nuestro tiempo es porque el destino ha decidido que luchemos juntos y tal vez, nunca separarnos.
Mi tristeza es por mi egoísmo y vanidad, en que yo afirmo que mi mundo es real y el tuyo equivocado. No soy capaz de reconocer las cosas de otra forma que no sea la que me enseñaron mis padres, no se entender el cariño si no es con abrazos y gestos de amor.
Soy egoísta porque te hago luchar para ser como yo, donde te obligo a quererme de la única manera en que mi pobre mente puede entender, que te comuniques conmigo utilizando mi lenguaje. ¡­Que tonto soy! Si fuese otra época, otro lugar, otra sociedad, posiblemente el normal serías tu y yo el del problema.
Mi tristeza, hijo, es porque me esfuerzo tanto en traerte a mi mundo que olvido compartir contigo esos tiempos maravillosos que gozábamos juntos antes de que te diagnosticaran como “especial”. Mi mayor tristeza es porque siempre me has amado, ¡­lo se!, te siento y en tu silencio tus ojos brillan al verme. Yo, en cambio, no he sabido amarte de la manera que tu me entiendas.
El mundo en que vivimos te cataloga como alguien que requiere atención y es por eso que deberás seguir luchando por ser “normal”, pero con el corazón en la mano te lo digo: Yo luchare contigo y aprenderé a conocer tu mundo y disfrutarlo. Tus regresiones serán nuestra hora de recreo donde podamos jugar y gozarnos mutuamente, como siempre lo habíamos hecho.
Te amo, Javiercito. Estoy seguro que en un futuro cercano, encontraremos el punto medio de nuestros dos mundos y aprenderemos cada quien a vivir lo mejor de cada uno.
Tu padre

martes, 18 de diciembre de 2007

¿Una propinilla....?

La propina (del latín propinare, "Dar de beber") es una recompensa generalmente económica que se otorga como agradecimiento por un buen servicio y por el producto consumido.

Las propinas son un suplemento de precio que se paga por un servicio recibido y que teóricamente no viene incluido, en su totalidad, en el precio. En muchos países viene incluido en la factura un apartado que oscila entre un 5 y un 20% llamado “tips” (propinas) y que ha de ser abonado obligatoriamente.

En España las propinas forman parte de la cultura social y surgieron su auge con el inicio del crecimiento hotelero en el país. Los sueldos, eran bajos para poder ofrecer vacaciones baratas, muy baratas y la solidaridad (y compadecimiento) de los turistas extranjeros era tal que los empleados llegaban a cobrar más de “bote” que de sueldo. Los empresarios se aprovechaban de sus trabajadores y ya les decian al contratarlos que iban a cobrar muchas propinas para convencerlos y pagarles poco. Una táctica muy ruin.
A día de hoy los sueldos en casi todos los sectores laborales se han equiparado a la realidad y las propinas han disminuido exageradamente y ya muchos se hacen la pregunta del millón.¿Tenemos que dejar propina?¿Por qué?
En muchos países la propina va incluída ya en la factura del restaurante o cafetería, haciendo el pago de ésta obligatorio; como pago del servicio de los camareros. Pero, ¿no es por eso precisamente por lo que les paga la empresa? Además, en muchos otros establecimientos no dejamos propina...¿o alguien le deja unos eurillos a la dependienta de la zapatería que te ha acompañado mientras te probabas los 50 pares de botas? Eso es mucho más pesado...o alguien le da una propinilla al conserje que recoge la basura? Eso es mucho más "recompensable"...Y ya no es cuestión de enjuiciar el valor que tiene el servicio que prestan, ni entrar en si ganan proporcional al trabajo que hacen...se trata de que hay multitud de trabajadores del sector servicios que no ven ni por asomo una propina, ni se plantea siquiera la posibilidad. ¿Qué sentido tiene entonces dar propina a camareros, botones o taxistas? Por una parte, tomarse un café por 2 euros ya es suficientemente caro, ¿además tengo que pagar aparte que la camarera no me haya escupido en él? Y por último, además del sueldo, ¿como profesionales, necesitamos el euro de propina que refuerce nuestro buen hacer en nuestro trabajo?
En resumidas cuentas, la cuestión es, ¿debemos seguir dando propina a alguien a quien se le está pagando por hacer ese trabajo? ¿O es una costumbre que en su momento tuvo sentido pero que ya no lo tiene?

Aprender a pensar_III parte

III parte y última...jejeje. Aquí se desvela el misterio...
El problemilla de las tarjetas y las reglas es un estudio conocido como la tarea de Wason.
A principios de los años sesenta, Peter Wason quedó asombrado por la pertinaz dificultad que sus inteligentes compañeros de departamento encontraban en una tarea lógica de estructura bastante simple que acababa de diseñar. Wason colocaba cuatro tarjetas encima de la mesa. Aquellas tarjetas tenían un número por una cara y una letra por la otra. Wason pedía a sus sujetos que indicasen cuáles de aquellas tarjetas habría que volver para comprobar si una regla condicional era verdadera o falsa. La regla podía ser: Si hay una vocal por una cara, entonces hay un número par por la otra. Y las tarjetas estaban dispuestas de forma que en su cara visible apareciesen los dos casos lógicos posibles verdadero y falso) de las dos proposiciones que se combinan en la regla. Es decir, una vocal, una consonante, un número par y un número impar.
Según la lógica de la implicación del condicional, la regla sólo sería falsa en un caso: cuando su antecedente fuese verdadero y su consecuente falso. Es decir, cuando encontrásemos una tarjeta que tenga una vocal por una cara y un número impar por la otra. La respuesta correcta a esta tarea consistiría por tanto en indicar las dos tarjetas en que este caso podría ocurrir: la que tiene una vocal a la vista (podría tener un número impar por la otra cara), y la que tiene un número impar (podría tener una vocal por la otra cara). Después de cientos de réplicas de este experimento, el persistente resultado es que menos (a menudo, bastante menos) del 20% de las personas dan con la respuesta correcta.

Lo sorprendente de este resultado es que la lógica de la implicación
del condicional no es por lo demás especialmente difícil para la mayoría de
las personas (Johnson-Laird y Byrne, 2002). Es decir, que las personas no
solemos tener demasiados problemas para comprender los condicionales.
Wason propuso inicialmente (1968) que el resultado podía deberse a un sesgo de verificación: las personas tenderían a verificar sus hipótesis en lugar de falsarlas. De este modo, los sujetos seleccionan las tarjetas buscando casos favorables a la regla propuesta. Esta hipótesis se vio pronto relegada por los datos obtenidos al elaborar versiones negativas de la regla condicional (Evans y Lynch, 1973). Las personas parecían seleccionar sencillamente los casos que habían sido mencionados en la regla. Es decir, en la tarea de selección las personas llevarían a cabo un proceso de emparejamiento absolutamente irracional.

Una propuesta alternativa es el principio de verdad (Johnson-Laird, 2001). Dicho principio describe la tendencia a representar los casos verdaderos más que los falsos. Una segunda forma en la que opera es cuando, por los requisitos de la tarea se ponen de manifiesto otras situaciones a las que el enunciado no se refiere directamente pero que son posibilidades verdaderas con respecto al enunciado.
Esto vendría a decir que no se nos ocurre levantar el 7 (o el impar correspondiente) porque no se nos ocurre falsar la teoría (en lugar de buscar la confirmación); y no se nos ocurre falsar la teoría porque tendemos a representar mentalmente las probabilidades positivas y porque además, en el enunciado se nos habla de las positivas y no de las negativas...

lunes, 17 de diciembre de 2007

Aprender a pensar II parte

Aquí estamos de nuevo dando vueltas a las tarjetitas...Si no sabeis de lo que hablo, bajad un par de entradas. Encontrareis el enunciado de un problema de lógica muy entretenido y que tuvo a algunos hasta altas horas de la madrugada descifrando instrucciones...Si no lo habeis intentado aún, no sigais leyendo. Probad primero a "jugar". Los que ya lo hayais resuelto podeis continuar con la segunda parte.





Si no lo has resuelto no mires, no hagas trampas!!!






Esta parte es más sencilla que la primera y si conseguisteis acertarla, esto es pan comido, pero os la pongo porque ayuda a comprender por qué la solución es esa y no otra.
Con las mismas premisas, ahora cambia la regla:
"Si y sólo si en una cara hay una vocal, en la otra hay un número par"
¿cuántas cartas (el mínimo número, como la otra vez) hay que girar para comprobar que la regla se confirma?

domingo, 16 de diciembre de 2007

Publicidad Navideña

Tal vez sea por un intento incosciente de redimirme por el consumismo navideño o por la entrada de "mi mejor regalo" en la que declaraba abiertamente que lo que me movía a escribiros era un impulso totalmente materialista.
Puede ser por eso.
Para compensar el tono espiritual-materialista del apartado navideño, me voy a ayudar de la publicidad...y del mi fiel aliado youtube.
Os habreis fijado que en Navidad hay anuncios especialmente ñoños, ¿verdad? Las empresas y sobre todo sus depatamentos de publicidad saben cuándo atacarnos con temas sensibleros y remarcar la importancia de la familia, la ternura, la infancia, la nostalgia...Es un truquito para hacernos caer...jeje!
Pero qué más da...sigues siento tan bonitos...
Quién no recuerda el mítico "Vuelve a casa por Navidad" o el anuncio de la niña que va a devolver los regalos de reyes porque quiere pedir otra cosa: que su hermanito se ponga bueno...
Reservad la lagrimilla que os asoma, porque las navidades acaban de empezar.
Para ir calentando motores, os pongo un anuncio de Caja Canarias, que no es de Navidad, pero es del estilo. No se si la campaña salió en Navidad o no, pero yo lo habría sacado por las fechas.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Aprender a pensar

Esta entrada va para aquellos que estuvieron días enteros soñándose con las piernas y patas de las niñas y sus gatos...Para aquellos que disfrutaros haciendo cálculos (siento deciros que sois los frikis de la clase), para aquellos contra los que ataqué en su orgullo porque no fueron capaces de resolverlo y para los escépticos que pensaron que había trampa...Para todos vosotros, dos cosas:

1. La respuesta al problema aparece en los comentarios de la entrada. Si aún seguis tratando de averiguar el número de piernecillas, pinchad en comentarios y está hasta explicado y todo.

2. Para que no os aburrais estas navidades os pongo otro problemilla. De este teneis que poner también el por qué de la respuesta. Y por si acaso, ya os aviso que no tiene trampa...



Imagina que tienes cuatro tarjetas: A, R, 7 y 2
Regla: si una tarjeta tiene una vocal por una cara, entonces tiene un número par por la otra.

Estas tarjetas tienen letras (consonante o vocal) por un lado y números (par o impar) por el otro lado. Si la tarjeta tiene una letra por el lado visible, entonces debe tener un número por el lado oculto. Asimismo, si una tarjeta tiene un número por el lado visible, entonces debe tener una letra por el lado oculto. La tarea consiste en indicar cuál o cuáles tarjetas habría que dar la vuelta para saber si la regla se cumple o no (el menor número posible, claro).


Animaos a responder. En una semanita o así (depende si lo resolveis pronto) pongo la respuesta correcta.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Mi mejor regalo

Esto tiene toda la pinta de una entrada cursi, una de estas reflexiones sobre lo importante de las cosas pequeñas, de las personas que están a nuestro lado, sobre la amistad y el amor como los mejores regalos...pero no.

Es algo mucho más materialista (también acorde, desafortunadamente, con la navidad).

Estoy rompiéndome la cabeza pensando en los regalos navideños, reyes-magueños y amigo-invisibleños que tengo que hacer. Y este año no es solo es una cuestión de dinero (que también), es sobre todo una cuestión de ideas. Estoy dándole vueltas y no se me ocurre nada.
Por eso quiero que me ayudeis. Todos vosotros...Me gustaría que me dijerais qué regalo especial os hicieron, en plan un puzzle con vuestra foto; qué sorpresa inolvidable os dieron, como ponerle vuestro nombre a una estrella, o que me contarais esa vez que un amigo/a os dió mucha envidia al enseñaros el regalo que le habían hecho...como un fin de semana en un balnerio...Espero impaciente las sugerencias.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

El origen del árbol de navidad

Las luces en las calles, los belenes, los regalos y la familia son algunas de las escenas más comunes del ambiente navideño. Pero, sin duda, una de las imágenes que antes se vienen a la mente cuando se piensa en estas fechas es el tradicional árbol de Navidad, una costumbre cada vez más arraigada y que ha ido sustituyendo a otras, como la de montar el Nacimiento. A pesar de que la decoración del abeto de Pascua es una tradición de raíces germanas, lo cierto es que quien ha exportado esta forma de adorno ha sido la cultura norteamericana. Pero, ¿de dónde procede esta costumbre?

Cuando los primeros cristianos llegaron al norte de Europa, descubrieron que sus habitantes celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol y la fertilidad, adornando un árbol perenne, en la fecha próxima a la Navidad cristiana. Posteriormente con la evangelización de esos pueblos, los cristianos tomaron la idea del árbol, para celebrar el nacimiento de Cristo, pero cambiándole totalmente el significado.

Se dice que San Bonifacio (680-754), evangelizador de Alemania, tomó un hacha y cortó un árbol que representaba al Yggdrasil, y en su lugar plantó un pino, que por ser perenne, símbolizó el amor de Dios, adornándolo con manzanas y velas.


Las manzanas simbolizaban el pecado original y las tentaciones, mientras que las velas representaban la luz de Jesucristo como luz del mundo. Conforme pasó el tiempo, las manzanas y las luces, se transformaron en esferas y otros adornos.
Después se agregó la tradición de poner regalos para los niños bajo el árbol, enviados por los Reyes Magos, Olentzero o Papá Noel dependiendo la leyenda del país donde se encuentre.

La forma triangular del árbol (por ser generalmente una conífera), representa a la Santísima Trinidad.

Al principio, San Bonifacio adornó el árbol con manzanas que eran las tentaciones. Hoy día, se acostumbra colocar esferas, que son los dones de Dios a los hombres; además de las oraciones que se hacen durante el Adviento. Según el color simbolizan:
azul representa a las oraciones de reconciliación
plata las de agradecimiento
oro las de alabanza
rojo las de petición.

Las luces, que en un principio eran velas, son la luz de Cristo.
La estrella en la punta del pino representa la fe que debe guiar la vida del cristiano. Y recordando a la estrella de Belén.

Hoy se ha convertido en un adorno más de la decoración navideña, perdiendo en muchas ocasiones su simbología religiosa a favor de la simple estética de las fiestas. Es posible, incluso, que en la mayoría de las casas ni siquiera se sepa el por qué del árbol de navidad...Yo durante mucho tiempo lo consideré una tradición yanqui sin connotación cristiana...nunca se acostará una sin saber algo nuevo...

martes, 11 de diciembre de 2007

El amigo invisible

Siguiendo la línea de temas navideños, quiero hablar de la que para mí es una bonita tradición: el amigo invisible. No se trata de los amigos imaginarios de la infancia (o de esos que aparecen tras algún consumo ilegal...). Hablo de la costumbre de intercambiar regalos sin saber quién regalará a quién.

Para explicar el porqué me gusta tanto esta forma de intercambio de regalos tengo que remontarme a mi más tierna infancia, cuando el grupo de amigas del colegio nos entreteníamos con un curiso juego, al que llamábamos así: el amigo invisible.

No se trataba de hacer un regalo para reyes o para ninguna otra ocasión. Ni siquiera se hacía un reparto con papelitos. Simplemente un día decidías que ibas a ser la amiga invisible de fulanita de tal y el juego comenzaba. Le dejabas cartas anónimas con acertijos, pistas para que averiguara tu identidad; le dejabas caramelos en el pupitre o regalitos de escaso valor (económico claro, porque del otro...no tenían precio). Compinchabas a todas las demás, para que te escribieran las notas para que así no te descubrieran por la letra o para que te soplaran las indagaciones que tu "víctima" iba haciendo...

Esta peculiar diversión, digna de cualquier acosador, pero con la inocencia y la ternura de nuestros 12 años, derivó en la instauración de la costumbre de este juego con varios participantes y previo sorteo con papelitos. De nuevo, no había regalo al final o si lo había, no era materialmente valioso.

Al crecer, el amigo invisible se convierte en una forma de simple intercambio de regalos, perdiendo la esencia tierna de aquellos años, perdiendo ese halo como mágico de las cartas hechas con esmero y plastidecor solo para tí; dejando atrás el caracter de exclusividad con el que habían elegido tu golosina preferida en el bolsillo de tu babi, diciendote, entre líneas "te conozco y he pensado en tí al elegir este regalo"...Algo que ningún regalo debería dejar de decir.

Por eso quiero reivindicar algo. Quiero volver al amigo invisible de esos años. No a las notas o las golosinas (que no están nunca de más), sino a la verdadera razón de hacerlo...volcarte en hacer sentir especial a aquel de quien eres su amigo invisible".

Hacer esto implica esfuerzo; esfuerzo al preparar las notas o regalos pero sobre todo y en mi opinión más importante, el esfuerzo por conocer a esa persona, por acercarnos a ella y averiguar qué le hace sentirse especial.
Recibir este regalo será una experiencia entrañable. Regalarlo y ver su cara, una experiencia emocionante, prometido.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Lotería de Navidad

No, no voy a hacer ningún tipo de predicción del número premiado, aunque después de la suerte que tuvimos ayer, deberíamos tener algún derecho cósmico a que nos tocara un pellizquín...
En fin, de lo que quiero hablar en esta entrada es de por qué compramos la lotería de Navidad. Tal vez sea por la potente campaña publicitaria que ponen en marcha para este sorteo; tal vez nos pensamos bendecidos por la magia navideña o tal vez es simplemente una tradición más a que accedemos...tal vez también sea por alguna de estas razones.
Pero la razón principal, el motivo que más peso tiene, es uno y lo solemos expresar así: "¿Y si les toca a todos y a mí no?"

Para poder dilucidar mínimamente por qué este pensamiento es tan universal y casi tan automático hay que explorar el proceso de toma de decisiones, y si lo hacemos de forma "matemática" o no.
Si a una persona le preguntaran qué prefiere: perder cero euros o perder 20, muy seguramente escogerá la primera opción. Sin embargo, en la realidad mucha gente escoge perder los 20. Por ejemplo, cada vez que una persona se enfrenta a la disyuntiva de comprar o no un billete de lotería que ofrece un premio de 300.000.000 de las antiguas pesetas, está escogiendo entre una alternativa con un valor real de -20 euros, si lo compra, o de cero euros, si no lo compra.
Parece ser que cuando tenemos que decidir si comprar o no una participación en lotería concedemos un valor extraordnario al futuro arrepentimiento si les toca a todos la lotería y nosotros no compramos. Esto es lo que se conoce como la Teoría del arrepentimiento o de las emociones Anticipadas (Bell, 1982,1985). Desde este planteamiento se identifican emociones que podrían ser anticipadas cuando se toma una decisión:
- Arrepentimiento vs. regocijo (emociones que emergen al comprobar qué habría pasado al tomar una decisión diferente).
- Decepción vs. Júbilo ( emociones que emergen al comprobar el resultado de la una decisión).

Estas emociones guiarían nuestra conducta de tal forma que:
- Si compramos lotería y no toca: Decepción.
- Si no compramos lotería y no toca: Regocijo.
- Si compramos lotería y toca: Júbilo.
- Si no compramos lotería y toca: Arrepentimiento (especialmente si toca a los demás).

Cuando nos ofrecen comprar lotería, anticipamos estas emociones. Por supuesto, una muy importante es la de júbilo (anticipamos cómo nos sentiremos si toca); pero la que más peso tiene para quien acaba comprando es la de arrepentimiento. La anticipamos tan intensa, que tratamos de evitarla.

De esta forma, podríamos decir que jugamos no tanto porque esperamos que nos toque, sino para evitar ser el único que se queda sin pastel.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Queda inaugurada la temporada navideña

Así es. Queda inagurada la temporada navideña en Esto no es todo, amigos. He tratado de retrasarla el mayor tiempo posible, en serio, pero recibía presiones por todos lados. Los supermercados llevan vendiendo turrón desde finales de octubre, y en todas las bolsas de la compra ya han impreso el "Feliz Navidad". Las tiendas venden adornos de navidad, papa noeles y cualquier tipo de adorno que conjugue los colores rojo y verde...Llevan tres fines de semana poniendo en la televisión las típicas películas americanas de navidad con toda la ostentación que caracteriza a los estadounidenses. Los anuncios de juguetes, las tiendas y los catálogos abruman a los niños con cienes y cienes de muñecos, coches, cocinitas supersónicas y por poco naves espaciales...Hay carteles anunciando cotillones por todos lados...asi que me rindo. Por mucho que este año aún no hayamos sacado los guantes, he de rendirme a la evidencia. La Navidad está aquí.

martes, 4 de diciembre de 2007

Déjà vu

Todos sabemos en mayor o medida lo que es un déjà vu. Todos o casi todos lo hemos experimentado. Es la sensación de algo que sabemos que estamos experimentando por primera vez nos resulta familiar, como si lo hubieramos vivido ya o lo hubieramos soñado. De ahí el término "ya visto".
Muchos hemos visto la película y conocemos la versión fantástica de que un déjà vu es un fallo en Matrix, pero ¿nunca os habeis preguntado por qué sucede en realidad?
Tras muchos años intentando buscar una razón que explique el déjà vu, los expertos no han llegado a una conclusión definitiva y unánime.
Los psicoanalistas opinan que es fruto de los sueños diurnos, de las fantasías inconscientes de la persona. No es un hecho que suceda por azar, sino que suele estar relacionado con algo de gran importancia para el sujeto, hemos soñado con una situación y al ocurrir realmente nos resulta conocida.
Los psicólogos y los neurólogos lo consideran una alteración de la memoria, en el cerebro se activan por error los circuitos neuronales responsables de la sensación del recuerdo. Por eso se "recuerda" algo que realmente no ha pasado.
Otra opinión menos extendida dice que es una alteración de la percepción. También está considerado como un fallo en la interpretación de los hechos en el tiempo. Una incapacidad de establecer primero una secuencia y luego otra, se debe a un retraso entre lo que estamos viendo y el tiempo que tarda nuestro cerebro en registrar el momento. Algunos estudios establecen que en la mayoría de los casos se da en personas con una capacidad de atención baja; personas cansadas y con estrés. En situaciones de poca concentración cerebral, el subconsciente capta una experiencia antes que el yo consciente, de manera que para cuando esto último ocurre, la experiencia se encuentra ya en la memoria y el yo consciente la identifica como un recuerdo, pero realmente lleva muy poco tiempo en la memoria.
Sea como sea, aún no está clara la explicación; como muchas cosas de la percepción, la memoria, la inteligencia, el lenguaje...a cada paso que damos en la investigación, nos damos cuenta de todo lo que nos falta por conocer.
El cerebro, ese divino misterio...

lunes, 3 de diciembre de 2007

El derecho a ser irracional_II Parte

Para seguir con la reflexión sobre la racionalidad-irracionalidad, os copio el comentario de Coyote en la entrada anterior, para aquellos de vosotros que no los leais, porque me va a servir para enlazar con esta segunda parte, a modo de respuesta.


Creo que más que racionales, la sociedad nos pide que seamos predecibles. Vease la ultima entrada de "¿pero qué broma es esta? como dice la autora no es muy racional atender a esa llamada y no decir a la primera "esto es una coña" pero no criticamos que la respuesta sea la racional o no, sino que se comportan de fomra impredecible al haber asumido ante su pareja una fidelidad que no es tal.

La predecibilidad es otro rasgo "deseable" e impuesto de una forma u otra en nuestra “sociabilizada” cultura. Pero parece vincularse más con la propia adaptabilidad de la especie que con exigencias fundadas o no del contexto cultural. Nos gusta predecir las cosas porque nos sentimos más seguros, porque sentimos que así comprendemos el mundo. Si comprendemos el mundo, podemos explicarlo y predecirlo. Y si podemos predecirlo, podemos manipularlo y cambiarlo...Es la base de cualquier ciencia, entre ellas, también la psicología.
Es posible que la finalidad de imponer un comportamiento racional sea la de poder predecir el comportamiento ajeno y por tanto ejercer un control sobre éste. Tal vez tenga algo que ver también con la importancia actual a nuestra parte “racional”, la parte más “intelectual”.
Con esto no quiero decir que debamos desechar nuestra parte racional. En el equilibrio está la virtud... A veces ser “demasiado irracional” nos hace daño, nos hace distorsionar la realidad y atribuir causas y consecuencias aleatoriamente, haciéndonos sufrir. No, tampoco digo que no se deba ser racional. Tal vez no es la expresión más adecuada.

Cuando hablo de lo racional, hablo de sentir en lugar de pensar en las situaciones emotivas. Como decía en la entrada anterior, me refiero a pensar emocionalmente. Está muy relacionado con lo predecible, por supuesto, de hecho creo que es inseparable. Muchas veces intentamos “racionalizar” la situación para intentar sentir un control sobre la situación y sobre el otro que no solo no tenemos sino que debemos tener. Pongo como ejemplo, la interacción simple de dos personas. Una persona que planifica cada movimiento, cada palabra, cada pausa de las frases que emite está tratando de controlar la situación de la interacción, con el fin último, manifiesto o no, de controlar las respuestas de la otra persona (pretendiendo saber cómo va a reaccionar el otro ante un determinado estímulo). Aunque las teorías conductistas son bastante afines a mi forma de pensar, he de decir que no se ha logrado explicar el comportamiento humano con el simple esquema estímulo-respuesta. Así que para aquellos que traten de controlar las interacciones, decirles que es una tarea difícil y que, además del crónico dolor de cabeza que ello puede acarrear, se están perdiendo el placer de la comunicación emocional; de expresar lo que uno desea decir y de, además, escuchar lo que el otro de verdad quiere contestarle.

domingo, 2 de diciembre de 2007

El derecho a ser irracional

Sí, otra vez de reivindicaciones, pero no os preocupeis, que ésta no tiene los matices feministas habituales...Esta vez quiero reivindicar un derecho de todos y todas: el derecho a ser irracional.
Durante todo el proceso de maduración como personas tenemos que aprender a racionalizar las cosas. Parece ser que en el contrato para ejercer como persona adulta se establece una claúsula con la que nos compromentemos con nosotros mismos y con la sociedad a ser responsables, equilibrados y racionales.
La socialización nos muestra formas "correctas" de expresar nuestra ira, nuestra angustia y hasta nuestro dolor.
Tenemos pautas para todo, tenemos una idea muy exacta de como las cosas deben ser, incluidas las emociones. Sentirse bien o mal parece que debe estar dictaminado por las circunstancias y en nuestra cultura hay ocasiones en las que es lícito sentirse mal o bien y otras en las que no lo es. La envidia, por ejemplo, está relegada a los más profundos rincones de lo que Freud llamaría nuestro inconsciente, porque no es políticamente correcto sentirse así.
De la misma forma, la madurez nos exige ser estables y equilibrados en cada momento, sin dar tregua o permitir un "descanso". A los niños se les permite, a quien está sufriendo una pérdida traumática, se le permite; a alguien depresivo/depresógeno se le permite...y está bien. ¿Pero qué pasa con el resto de los humildes mortales? ¿No tenemos derecho a ser irracionales alguna vez?

A veces podemos sentirnos celosos sin motivo ni razón; a veces podemos cabrearnos con el mundo por haber pisado una caca de perro, a veces podemos llorar porque se nos ha roto el tirante de nuestra camiseta favorita o sentirnos en pleno derecho para pedirle algo tremendamente injusto a nuestra pareja...

Es cierto que la irracionalidad es la parte de nosotros que más compartimos con los animales. Lo racional es lo que hace al hombre inteligente, lo que le distingue del mundo animal. Pero las emociones es lo que nos hace humanos; actuar y pensar emocionalmente es lo que nos hace personas.