miércoles, 12 de diciembre de 2007

El origen del árbol de navidad

Las luces en las calles, los belenes, los regalos y la familia son algunas de las escenas más comunes del ambiente navideño. Pero, sin duda, una de las imágenes que antes se vienen a la mente cuando se piensa en estas fechas es el tradicional árbol de Navidad, una costumbre cada vez más arraigada y que ha ido sustituyendo a otras, como la de montar el Nacimiento. A pesar de que la decoración del abeto de Pascua es una tradición de raíces germanas, lo cierto es que quien ha exportado esta forma de adorno ha sido la cultura norteamericana. Pero, ¿de dónde procede esta costumbre?

Cuando los primeros cristianos llegaron al norte de Europa, descubrieron que sus habitantes celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol y la fertilidad, adornando un árbol perenne, en la fecha próxima a la Navidad cristiana. Posteriormente con la evangelización de esos pueblos, los cristianos tomaron la idea del árbol, para celebrar el nacimiento de Cristo, pero cambiándole totalmente el significado.

Se dice que San Bonifacio (680-754), evangelizador de Alemania, tomó un hacha y cortó un árbol que representaba al Yggdrasil, y en su lugar plantó un pino, que por ser perenne, símbolizó el amor de Dios, adornándolo con manzanas y velas.


Las manzanas simbolizaban el pecado original y las tentaciones, mientras que las velas representaban la luz de Jesucristo como luz del mundo. Conforme pasó el tiempo, las manzanas y las luces, se transformaron en esferas y otros adornos.
Después se agregó la tradición de poner regalos para los niños bajo el árbol, enviados por los Reyes Magos, Olentzero o Papá Noel dependiendo la leyenda del país donde se encuentre.

La forma triangular del árbol (por ser generalmente una conífera), representa a la Santísima Trinidad.

Al principio, San Bonifacio adornó el árbol con manzanas que eran las tentaciones. Hoy día, se acostumbra colocar esferas, que son los dones de Dios a los hombres; además de las oraciones que se hacen durante el Adviento. Según el color simbolizan:
azul representa a las oraciones de reconciliación
plata las de agradecimiento
oro las de alabanza
rojo las de petición.

Las luces, que en un principio eran velas, son la luz de Cristo.
La estrella en la punta del pino representa la fe que debe guiar la vida del cristiano. Y recordando a la estrella de Belén.

Hoy se ha convertido en un adorno más de la decoración navideña, perdiendo en muchas ocasiones su simbología religiosa a favor de la simple estética de las fiestas. Es posible, incluso, que en la mayoría de las casas ni siquiera se sepa el por qué del árbol de navidad...Yo durante mucho tiempo lo consideré una tradición yanqui sin connotación cristiana...nunca se acostará una sin saber algo nuevo...

2 comentarios:

Calíope dijo...

Ay! Y como siempre tienen que venir los estadounidenses para que retomemos tradiciones europeas: Halloween, Papa Noël...

Coyote dijo...

Voto a bríos! Recuperemos nuestra soberanía nacional, ni árboles ni papá noel. Casi que la navidad con eso de venir de Palestina tampoco me convence. Solo me quedo con la nochevieja, eso sí, esa ni tocarla.