miércoles, 13 de noviembre de 2013

Alimentando al cerebro

Hoy por fin, después de dos semanas y previa insistencia por mi parte de que mi jefe/tutor/sponsor me diera algo para hacer (lo que sea!), me ha encasquetado la revisión de un libro. No era precisamente en lo que yo estaba pensando cuando vine hasta aquí, pero bueno, siempre es mejor que estar sentada esperando el momento en el que decidan hacer un nuevo simulacro de incendios y nos manden a todos a la calle bajo la lluvia.
A lo que iba: me ha encasquetado una reseña de un libro sobre Tratamiento Nutricional de los trastornos mentales. No sé muy bien cómo afrontar este desafío. Escéptica, he de confesar (a vosotros, claro, no a él, ante quien he puesto una expresión más o menos conseguida de interés). Como he de admitir que nunca me ha interesado demasiado el tema, ante mi total desconocimiento me he puesto a indagar un poco.
Adelantando que estoy segura de que hay investigaciones serias al respecto, hoy me tomaré la licencia de analizar una de las páginas que he encontrado navegando por google. Fuente: www.proyectopv.org

Para comprender cómo funcionan estas relaciones debemos examinar antes el funcionamiento del cerebro. El cerebro sólo puede quemar glucosa, también llamada “el azúcar de la sangre”. De hecho, el cerebro, que representa únicamente el 2,5 por ciento del peso corporal, consume el 25 por ciento de todo el azúcar disponible en la sangre. Puesto que la sangre sólo puede transportar la glucosa suficiente para unas cuatro horas de actividad cerebral, cualquier interrupción en el suministro constante de glucosa a la corriente sanguínea se traduce en una inmediata perturbación de las funciones cerebrales. El primer síntoma de perturbación mental causada por deficiencia de glucosa en el cerebro es la pérdida del control emocional.

Ya decía yo que me ponía de mal humor cuando tenía hambre! Y es que esto, queridos es la justificación perfecta para un amplio abanico de situaciones. Hace poco hablaba con una amiga que decía que me contaba que cuando tenía hambre se ponía de tan mal humor que “desbarraba” y movilizaba lo que hiciera falta para calmar su apetito. He aquí la explicación: falta de control emocional por déficit de glucosa en el cerebro.

Los psiquiatras conceden por lo general una gran importancia a todo tipo de síntomas mentales anormales, como depresiones, manías o neurosis, cuando en realidad tales síntomas suelen ser la manifestación psicológica de una deficiencia o un desequilibrio graves en la nutrición, y carecen de significado por sí mismos. Un ejemplo típico es la conducta violenta crónica que se asocia con una deficiencia crítica de niacina. Diez años en el diván del psiquiatra no contribuirán en nada a curar este trastorno, que desaparece con el adecuado suministro diario de niacina.

Es claramente un ejemplo típico…a mi me pasa en consulta todos los días tres o cuatro veces…

En 1965, un informe publicado por el Dr. H. J. Eysenck en el International Journal of Psychiatry evaluaba los resultados de 19 estudios distintos sobre más de 7.000 pacientes psiquiátricos y llegaba a la conclusión de que la psicoterapia no había demostrado ningún valor duradero en absoluto para ayudar a ninguno de los pacientes a recuperarse de ninguna enfermedad mental.

Esta información no es correcta. En los estudios de Eysenck sobre la eficacia de la psicoterapia se puso de manifiesto que no existía una psicoterapia superior a otra y que el porcentaje de los pacientes no tratados que se curaban por “remisión espontánea” era igual que el de pacientes que se curaban con psicoterapia. Es decir, que era posible que las personas que alcanzaban la curación por medio de la psicoterapia podrían haberlo hecho sin ésta. A pesar de que estos estudios dieron mucho que pensar y fueron fuente de grandes debates y reflexiones sobre la psicoterapia, no se llegó a la conclusión radical que esgrime nuestro querido forofo de la terapia nutricional. Por supuesto, muchos estudios posteriores se dedicaron a corroborar o rebatir los estudios de Eysenck, quien no había tenido en cuenta si existían características diferenciales previas entre quienes acudían o no acudían a una psicoterapia.
Fuente: Eysenck, H.J. (1965) 'The effects of psychotherapy', International Journal of Psychiatry, 1, pp. 99–142.


Prometo encontrar cosas más serias y rigurosas para contaros en qué consiste esto de la terapia nutricional, pero por hoy, baste con la idea de que no todo lo que uno lee por Internet es correcto o verídico (a partir de ahora solo confiaré en lo que hay en la Wikipedia :P)

2 comentarios:

Amanda dijo...

Te juro que, por un momento, he leído Dr Jekyll...
Lo del alimento del cerebro es mi excusa para comer chocolate cuando estudio, jaja. Y sí, yo soy un caso típico de mal humor por hambre (también por sueño, pero eso ya es otra historia)

Anie dijo...

jajajja. Ese ha sido tu inconsciente, que lo sepas.

Creo que está totalmente justificado que estemos de mal humor cuando no tenemos cubiertas nuestras necesidades básicas. Y comer chocolate lo está en muchísimas ocasiones; ya lo sabíamos, pero ahora tenemos argumentos científicos que esgrimir:)